
viernes, abril 08, 2011
Elegir una de las dos

martes, abril 05, 2011
Suposiciones empezando la primavera después de escuchar 16 veces The Bends de Radiohead en dos aviones diversos

Yo pensaba (con miedo) que cuando uno regresaba a veces tenía ganas de nunca más volverse a ir. O al revés. Al revés quiere decir que uno llegaba y quería irse de inmediato, quería cerrar los ojos y al abrirlos encontrarse en la puerta de embarque, ya despedido y listo para volver a la rutina sin esperar nada porque nada había que esperar, solo el final de los días, de las noches cortas y de los pasadizos más oscuros que de costumbre. Supongo ahora que así estaba yo en este viaje: decepcionado con las palabras, con los abrazos por dar y con un cansancio mental fuera del común. ¿Soy muy raro o estoy muy raro?, me preguntaba ayer al cuestionarme el porqué de mi alejamiento de ciertas personas, o el simple desinterés de querer ver a cierta gente. Mi encuentro con mi media mitad ayudó a encontrar respuestas a algo que ni yo mismo había percibido: estás creciendo, cerrando puertas y abriendo otras, me dijo sabiamente. Nunca pensé mirar a la persona a la que suelo aconsejar sobre cómo vivir indiferente a la vida diciéndome con tanta exactitud qué me estaba pasando.
Muévete, me dijo. Cierra y abre, tú tienes la llave, agregó. La llave de la que habló supongo que es esto que llaman intuición. La mía es como esas canciones que te hacen bailar hasta abajo moviendo las caderas hacia los lados. Aparece cuando menos la espero y no dice nada, solo me observa y me deja tirado en medio de la carretera atravesada por coches a toda velocidad. La mia intuizione siempre termina alejándome de lugares a los que no debo ir, me hace (supongo) pasármela bien y me aleja de gente que no merece ser vista. El merecer no ser visto tiene que ver mucho con eso de cerrar puertas y abrir otras. La llave de la que hablaba esa filósofa de las cenas a la luz de las velas, mientras comía salmón con una ensalada de col con tomate y aceite de oliva, es exactamente lo que me hace esquivar esos coches.
Yo pensaba (con más miedo que antes) que cuando uno regresaba te esperaban cientos de gentes con flores, guitarras, carteles, colores y fruta; y que uno tenía que poner cara de circunstancia y decir a todo lo bello que era y hacerse fotos con muñecos y guaripoleras. O al revés. Simplemente llegar, ver todo vacío y observar al pata que está a tu lado con un trapeador diciéndote muévete, que tengo que hacer mi chamba. Luego ver la ciudad vacía durmiendo que te dice: ¿crees que me voy a despertar porque has llegado tú? Y por más que tengas ganas locas de encontrar una conversación acorde solo encuentres tiendas cerradas, ascensores llenos, sillas sin patas, posavasos rotos o botellas que por más que las bebas nunca se terminan de vaciar. ¿Soy yo el raro o lo demás lo es? me pregunto ahora y me río, por más que el chiste sea difícil de entender.
El sol no quema, ni la ciudad es tan grande como todos piensan. Sigue sin existir todo lo que no podemos ver más allá de lo que llega nuestra vista por más que tengamos infinitas amistades en las redes sociales. Las voces no llegan a todas partes y las convocatorias para darte la mano son inútiles. Las nuevas personas reemplazan con vitalidad a las que quisieron ser antiguas y las nuevas sonrisas son más naturales, más frescas. Aunque ustedes no lo crean, y las escrituras digan lo contrario, uno puede vivir en 50 metros cuadrados con un lapicero, dos botellas de agua y una baraja de cartas.
martes, noviembre 30, 2010
Invierno
jueves, septiembre 30, 2010
miércoles, junio 09, 2010
Cuando los amigos no están
martes, febrero 23, 2010
En el altar
Llegan los familiares de Lucrecia, los odio y no entiendo que pueden tener en común esa cuadrilla de gente tan horrible con mi Lu. Ha sido capaz de saludar a mi madre, se le ve decidida, no creo que se atreva a joderme así. ¿Me lo merezco? No. No me lo merezco, no merezco que me jodas así. Lo nuestro no pudo ser y al final hiciste lo que te dio la gana. Cuando más te necesité te fuiste y me dejaste. ¿Ya no te acuerdas acaso? Te fuiste sin más y ahora quieres que yo deje todo esto y me vaya a vivir contigo. Qué desvergonzada eres. El coro de la iglesia canta algo que no conozco. Me jode saludar y sonreír. No conozco a todos y quiero que esto se acabe de una puta vez. El cura ya está listo. Yo no. Por qué has venido, qué quieres aquí. Me gustas y lo sabes.Sabes que nunca pude decirte que no, para nada. Ahora no dejas de mirarme. Quieres que vaya a saludarte. No lo haré. Vienes hacia mí. No me lo puedo creer…
- Hola, felicidades. Estás muy guapo.
- Gracias. Qué quieres, dime. ¿Quieres algo? Si quieres algo dímelo de una vez, por favor.
- Yo solo quería saludarte y estar en el día más importante de tu vida. ¿Acaso te molesta que yo esté aquí?
- No me molesta, gracias por venir. Disculpa pero como has dicho tú es el día más importante de mi vida y estoy nervioso.
- Pues eso, que solo quería saludarte.
Me da, delante de todos, dos besos en el altar y se va. Una cosa así solo pudo haberlo hecho ella. Me ha jodido la noche: Lo peor de todo es que lo sabe. Lucrecia no llega y la iglesia está abarrotada de familiares, amigos y curiosos. No sé por qué pero en sus ojos vi esas ganas de hacer algo que le conozco de años. Esas ganas de pasar por encima de todos. Algo tiene pensado. Algo va a hacer. La he cagado al tratarla así. Es peor, hubiese tenido que ignorarla. O tratarla bien, con cariño. Pero tampoco es justo, yo siempre lo hice y cómo me pagó. Mis amigos están allí, espero que se hayan dado cuenta de que está ella, de que ha venido solo por joder y que si intenta algo la detengan. Ha llegado ya, es Lucrecia. Suena la música más fuerte. ¿Es este realmente el día más importante de mi vida? Y si lo es, por qué me siento tan solo, tan abandonado. Quiero irme. Quiero quitarle el vestido verde ese que compramos y que nunca se lo puso conmigo porque me dejó tirado un día bajo la lluvia esperando un bus. Qué quieres, a qué has venido. Haz lo que sea pero por favor no empeores más las cosas. La gente se ha dado la vuelta para ver el ingreso de Lucrecia, ella sí que no se merece esto. Yo quizás. Me cuesta estar así. Y cuando el cura me pregunté, ¿podré decir que sí? Yo miro el altar, el cura me mira y me levanta las cejas, estoy tan solo y la música me está matando, no me queda otra que bajar la mirada y esperar a ver qué pasa.
lunes, noviembre 30, 2009
De besos 3
Lo que pasa es que nunca viste esas películas de los años 70 en donde las chicas daban besos a los chicos sin preguntar por qué o sin importarles dónde estaban. No, evidentemente no las viste ya que te haces problemas porque estamos aquí parados delante del museo de historia natural y dices que ese dinosaurio que ves por la ventana te incomoda. Y agregas que si no estuviese allí con ese cuerpo tan enorme y esos brazos tan pequeños todo sería más lindo, más romántico. Claro, esa es una buena excusa, seguro que si estuviésemos delante del museo del cine dirías que te fastidia el bigotito de Chaplin, la metraca de Terminator o los ojos de ET, pero no pues, estamos aquí y hoy le tocó al bendito dinosaurio. Ayer fue el helado de fresa, sí, porque yo me comí uno de chocolate y no me quisiste besar porque dijiste, incluso creo que disgustada, que la fresa con el chocolate no combinan. Ves que no viste esas películas. ¿Que eres muy joven? Pero si tenemos casi la misma edad, tampoco te hagas ahora la quinceañera. Creo que eran películas italianas. En esas películas lo que importaba era el beso, no el contexto, ni la escenografía, ni el chocolate o la fresa... Lo sé, no vienen al caso esas películas antiguas, total, quién las ve ahora, o dónde estarán, es más, seguro fui yo el único webón que las vio. Pero entonces vamos antes de que empiece a llover o caiga un meteorito, dejémoslo para otro día o para el parque del amor. Aunque allí sería yo el que no quisiera darte el beso porque la verdad que esa estatua que está en el medio de ese parque me da repelús. Cómo que si veo que yo también soy así. No pues, yo te estoy bromeando, claro que te besaría, aunque lo del repelús es verdad. ¿Que a ti sí te gusta ese parque? Bueno pues, qué quieres que te diga, nadie es perfecto. Oye tampoco me mandes a la mierda así no más, esa estatua me parece bien huachafa, nada más. Mira, tengo una idea, vamos un poquito más allá y nos damos un beso, ¿qué dices? ¿Que te da flojera? ¿Que te gusta esta esquina? Bueno pues, nos quedamos por aquí, mira por allí, ¿ves ese oso disecado?, bravazo, ¿no? No, no estoy molesto, nada que ver, yo entiendo lo del dinosaurio, lo de los helados, o lo de la otra vez cuando me dijiste que había mucha gente alrededor y te daba roche darme un beso. No sé si dos parejas que estaban besándose cerca a nosotros sea mucha gente, y menos pienso que les hubiese interesado ver que nos besábamos precisamente cuando ellos estaban haciendo... Bueno, no te aburro, no te preocupes. Peor hubiese sido que me des un beso y que luego te arrepientas. O que no te guste. O que te guste pero poquito y digas ya pues peor es nada. Mejor lo dejamos para otro momento, para la ocasión especial-romántica-linda que tanto esperas. No me burlo, pero es que me tienes así hace días y todo por un besito. ¿Que es normal que espere? Por qué, oye tampoco te hagas ahora la súper interesante como si fueras la única. Oquei, me pasé, esta vez sí me merezco que me mandes a la mierda, pero es que tú empiezas. ¿Que es tu primer beso? ¡¿Que nunca habías besado a un chico más de 10 segundos?! No te creo. Oye tampoco te juegues de manos. No sé, pucha no sabía pues, qué quieres que te diga. Si quieres yo te enseño que soy recontra experto. Nada que ver, no creo que seas tonta, quizás un poco quedada... No, mentira. Oye, no te vayas, mira, espera, era una broma, ya lo dejamos para otra vez, pero no te vayas. ¡Esperaaaaaa...!
Idiota, decirme a mí quedada. Qué se habrá creído. Está bien que se crea eso de que nunca he besado a otro chico más de 10 segundos, de que iba a ser el primero, pero decirme yo te enseño y sobre todo quedada. Y luego con sus películas italianas, a mí qué me importan esas películas... ¡¡¡Uffff!!! ¡Idiota! Una que lo quiere hacer todo especial, romántico y viene este a creerse no sé qué ¡Ja!, que se joda. Nunca, lo juro, ¡nunca lo voy a besar!
martes, agosto 11, 2009
Días movidos
Todo el mundo da por sentado que mi novia (cuál de todas, dirá otro mundo) me responderá que sí si le pregunto para casarnos. Qué inocentes son... ingenuos mortales de corazones débiles. No la conocen. No saben lo difícil que es convencerle de que el color rojo es solo rojo y no puede ser azul. No saben lo escabroso que es llamarle para decirle que en el supermercado ya no queda más leche de soya con grasa 4.6 % sabor a vainilla. Y no saben cómo se pone cuando la carne no está bien frita a 120° con aceite de oliva importado de Sabina, cerca de Rieti, allí por Italia. Pero bueno, estos días aparte de ver el mar muy movido desde el mejor baño del mundo, según un amigo; también he visto mis días muy, ni se imaginan cuánto, muy pero muy movidos. De Aeropuerto en aeropuerto, de ciudad en ciudad, sin comer, sin dormir y sin entender dónde estaba. Tratando de hablar idiomas indescifrables e intentando tener una sonrisa a pesar de todo. Y en lo poco que he dormido he visto gente en mis sueños que no veía hace mucho. Hadas madrinas del pasado y musas imperturbables que poco a poco han ido apareciendo en la vida real.
Todo el mundo da por sentado que yo sé que nada sé, pero no es así. Yo sé, por ejemplo, que si le digo para casarnos me va a decir que NO. Entonces no le digas, pues, responderá algún avispado amigo, pero si no le digo entonces ella me dirá: Por qué no me lo dices. Y la cosa se convertirá en un círculo vicioso que de círculo tendrá poco y de vicioso mucho. Los días son movidos porque la gente está que aparece y desaparece. Los abrazos se quedan cortos y por primera vez me siento querido. No es difícil sentirse así con tantos besos que recibo. Ojalá fueran dólares, o mejor euros, diría mi tía, la que cumplió 50 años al lado de mariachis y mucho licor. Yo no, yo no pido nada, aunque pido, ya pues si algo hay que pedir pido, que los días no se muevan tanto porque la verdad es que me estoy mareando y entiendan por favor que las resacas las llevo fatal. Me suelo pegar a la tele todo el día a ver partidos de fútbol tipo Inti Gas – Sport Huancayo, o lo que es peor, a ver la Bundesliga.
Todo el mundo da por sentado que mi novia (pero si no tiene novia, dirá otro mundo) llorará cuando saque el anillo del cofre y se lo ponga en uno de sus dedos. ¿Alguien llora con eso? Porque ella no lo hará, se los aseguro. Primero lo mirará perspicazmente. Luego lo revisará meticulosamente. Y como me conoce muy bien me interrogará, con justa razón, sobre su procedencia, precio, año de fabricación, made in qué y el material utilizado en su producción. Después de eso me dirá que NO y lo guardará para asegurarse de que no lo use con una de esas musas que yo creía me habían desterrado para siempre pero que para sorpresa mía en estos días movidos han empezado a salir de sus escondites. Sí, porque están apareciendo en sueños, calles, fotos, cartas, en cajas de leche, en la lluvia que cae y sobre todo en imágenes. En imágenes tan claras como la espuma de los pisco sour’s que saboreé hace poco y que según un amigo eran los quintos mejores del mundo.
Todo el mundo da por sentado que yo sé que nada sé, y tal vez sea así ya que sé que por allí ella se apiada de mí y me da el SÍ. Pero su sí sería solo una broma, como cuando bromea con lo de adoptar una llama y meterla en nuestro jardín que ni siquiera es de nosotros sino del edificio. O como cuando bromea con eso de comprar más plantas a pesar de que mi casa parece la selva del Perú a la que solo falta el Amazonas para serpentear por allí. Y para colmo de males tengo que seguir viajando y los días se moverán más y más. Se moverán tanto que alguien más aparecerá. Más y más gente, tanta gente que pensaré que mi memoria es de cartón, como la casa de Martín.
Todo el mundo da por sentado que mi novia (aún sigue con ella, dirá otro mundo) entrará a la iglesia con un vestido blanco despampanante y pomposo. Que detrás de ella ingresarán hermosas niñas llenas de flores y de colores celestes. Que el cura hablará sobre lo corta que es la vida y lo eterno que es el amor. Y razón no le faltará, pero los que si les faltarán serán los novios que no creen en lo que dice cuando habla sobre seres imaginarios. Entonces, ya pues decídete, que estás aburriendo. Entonces nada, los días se han movido, las imágenes me están cegando, las preguntas y los reencuentros me dan tanta luz que no tengo ganas de nada. Mi teléfono móvil no funciona. Sus ojos siguen siendo los mismos a pesar de que estaban achinados por todo lo que había fumado. Las flores ya no tienen color y las hojas caen como si fuera otoño en pleno verano. No la vi pero al menos escuché su voz y reía y reía. Su imagen apareció en cada esquina de esa ciudad extraña ya para mí. La lluvia no cesa mojando todo menos mis manos. Despertó todavía en mí eso que de niño me hacía sentirme hombre. Sus letras pudieron sacarme una sonrisa porque creo que hemos entendido muchas cosas. La comida no me llena y sin comer he subido casi diez kilos. Su silencio sigue siendo inamovible pero a pesar de eso siempre me sorprende. No sé usar las tijeras y tengo que cortar y cortar. Y fuera de todo esto que los días se muevan no es culpa de ella, a pesar de que se le extraña, y eso que sé dónde está y qué está haciendo.
